Tradición y modernidad
Ciertamente, fue Miguel Servet un hombre del Renacimiento.
Dentro del periodo histórico así denominado transcurrieron los años
de su breve existencia: iniciada en 1511 y brutalmente truncada en
1553. Y él mismo daría explícito testimonio de su entusiasmo por aquel
renacer que se estaba produciendo en un siglo feliz en el que las ciencias
y las artes y, concretamente, la medicina, se veían restituidos a su
primitivo esplendor, salvada la oscuridad de los tiempos medievales (1)
(1) Renascitur vero felici nostro seculo, ut seipsum turpius deformatum, in pristinum candorem restituens illustret... (Syruporum universa ratio. Praefariuncula, fol. 3r).
Bien se manifiesta su condición de renacentista en el depurado estilo
del latín que se expresa en sus escritos y en el hábil manejo del griego
y del hebreo que en ellos se advierte. También se refleja en su intervención
en una tarea tan característica del Renacimiento como es la preparación
de depuradas ediciones de libros científicos y religiosos que sacaría
a la luz el aún nuevo arte de la imprenta. (2)
(2) La más notable de las atribuciones servetianas en esta línea, es la edición por él preparada,
corregida y anotada de la versión latina, hecha en 1503 por B. PIRCKHEIMER de la Geografia
del alejandrino Tolomeo. La primera edición publicada en 1534 sería seguida por otra en
1541 (Un buen estudio sobre el tema es el de Eloy BULLON, Miguel Servet y la Geografía del
Renacimiento, C.S.I.C., Madrid, 1945). También fue importante la elaboración que él hizo a lo
largo de cinco años de la Biblia latina de Santes Pagnini, publicada en siete volúmenes, también
en Lyon, en 1546.
Y, por último –pero no
en último, sino en primerísimo lugar– el impacto de los tiempos nuevos
llevaría a Servet a implicarse a fondo en las polémicas teológicas
que, por aquellos años estremecían a toda la cristiandad occidental.
Si el espíritu del Renacimiento había invadido a Servet desde su
adolescencia, la condición de médico habría de advenirle de modo accidental
y tardío; aunque su dedicación a la práctica médica, su profundización
en los saberes de la tradición galénica y sus aportaciones
originales al conocimiento del organismo humano y al tratamiento de
sus afecciones morbosas, habrían de dar a nuestro compatriota un lugar
destacado en la historia de la Medicina.
El título de doctor en medicina es el único rango académico que
tuvo Miguel Servet: o mejor, Miguel de Villanueva que es el nombre
que eligió cuando hubo de huir de los ambientes protestantes de
Suiza y de Alsacia y cuando se instaló en la Francia católica, teniendo
que ocultar su personalidad. Así se le designa –docteur en médecine
– en el contrato que, para la edición de la Biblia de Santes Pagnini,
firma el 14 de febrero de 1540, con un grupo de libreros de
Lyon, y en la carta de naturalización francesa que le fue otorgada
por Enrique II, en octubre de 1548; y así se autodenomina en el curso
del primer interrogatorio sufrido en Vienne del Delfinado, el 4 de
abril de 1553.
Seguramente, su inclinación hacia la medicina se habría producido
a través de la amistad con el médico humanista lionés Symphorien
Champier (1472-1539), del que se declara intelectualmente deudor
y al que defiende frente a las críticas del gran médico y botánico
alemán Leonhard Fuchs. (3)
(3) Lo hace Servet en un folleto en 8º, cuyo texto sólo cubre ocho hojas por ambas caras, pero
en el que trata de diversos temas, uno de los cuales es aquel que enfrenta las posiciones de
Champier y las de Fuchs sobre el uso de la escamonea como purgante. Su título es: In Leonardum
Fuchsium apologia pro Symphoriano Campegio, Lyon, 1536.
No sabemos exactamente cómo se llegó a
la obtención del título doctoral que Servet ostentaba. La única inscripción
universitaria que conocemos es la realizada en la Facultad
de Medicina de París el 25 de marzo de 1537. Pero ya poseía entonces
amplios conocimientos de las ciencias médicas que seguramente
habría logrado estudiando a los clásicos de la medicina, al lado del
erudito Champier. Pero su carrera regular no pudo cerrarse entonces,
debido a los incidentes provocados por el curso de astrología que
Servet dictaba en París y que determinó su condena por parte de las
autoridades académicas y judiciales, la cual le obligó a interrumpir los estudios que allí cursaba. (4)
(4) En esta polémica se inscribe la publicación por parte de Servet de un opúsculo titulado:
Apologetica disceptatio pro astrologia, que no lleva indicación de lugar y fecha, pero que es de París,
entre los meses de febrero y marzo de 1532.
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