Sabido es el papel que la concotio juega en la fisiopatología galénica,
tanto en el proceso de la digestión de los alimentos como en la maduración
de los humores nocivos. Del calor natural del organismo se
deriva una fuerza (vix concotrix) que trata de asimilar la sustancia sometida
a su acción. Así, las tres sucesivas digestiones en el estómago, en
el hígado y en los miembros, convierten el alimento en quilo, en sangre
y en parénquima, en progresivo proceso de apropiación. Según el
galenismo vigente, de base arábiga, otra concotio distinta digeriría los
humores nocivos en las afecciones febriles, y el médico debería ayudarla
con jarabes “digestivos”. Contra esta concepción arremete Servet en
su libro. En el primer capítulo demuestra que la cocción es un proceso
fisiológico general y único; igual para los alimentos, para la sangre nutricia
y para los diversos humores. A veces, en las discrasias, la naturaleza,
por exceso de materia o por falta de fuerza, no logra la total asimilación
del humor pecante, pero procura aproximarla lo más posible
a su ser, dejando como residuo un humor nocivo, que tratará de evacuar.
Pensar en otra vix concotrix capaz de digerir un humor sincerus es
un sueño de los árabes. La misma fuerza es la que madura las enfermedades
y la que cuece los alimentos; y lo que esta fuerza no logra asimilar
no tiene otra solución que la de ser expulsado del organismo.
En el capítulo segundo dice el autor que es locura tratar de digerir los
humores pútridos y biliosos. Se extiende, rebatiendo supuestas indicaciones
de Galeno en tal sentido, y alegando pasajes del Maestro que apoyan
su aserto: lo que fue segregado ya no puede asimilarse en modo alguno.
“Este texto es tan claro –dice–, que asombra el que tantos médicos se alucinen
en su luz.” Y, si hay que evacuar sin tardanza, se pregunta: quis tam
stupidus medicus admovebit concotrix remedia? “¿Cocer antes de purgar? Jamás
se leyó tal cosa en Galeno, ni en Rufo, ni en Aecio. Hay que llamar
enemigo de la naturaleza al que se empeña en asimilar lo que ella quiere
expulsar. Es cosa ajena a la mente de Galeno, e incluso ridícula. Es como
tratar de cocer el aire de la caja del tímpano.”(8)
(8) ...rem sane a Galeni scopi alienissima, imo ridiculam, si quis flatum in tympanite conquat.
(Syruporum..., fol. 16r).
El sermo quartus del tratado de los jarabes se centra en la exposición
del aforismo que hace el número 22 en la sección primera del célebre
libro hipocrático. La traducción castellana puede ser ésta “Púrguense y
muévanse los humores cocidos, no los crudos, ni tampoco en el comienzo,
si no hay turgencia. La mayoría de las veces no la hay”(9)
(9) Versión de C. GARCÍA GUAL, en Tratados hipocráticos, I (Editorial Gredos, Madrid,
1983), p. 250.
Como se ve, la sentencia hipocrática está en la línea de los criterios que Servet
expresa a lo largo de todo el tratado de los jarabes: prudencia y oportunidad
al tratar las alteraciones humorales aunque sólo aquellas que
son susceptibles de cocción. Pero la concreción de su comentario a este
aforismo preciso, la extensión que le otorga –que va del folio 30 al
44v– y la erudición con que lo adorna, hacen pensar que puede tratarse
de un trabajo aparte, aquí incorporado al conjunto; tal vez una quaestio
disputata en las aulas académicas. Es sutil el análisis que el autor
hace de lo crudo: precisa los matices que tal concepto presenta entre los
textos de Hipócrates y Aristóteles, por un lado, y los de los árabes, Rhazes
y Avicena por otro. Finalmente, pasa a la parte práctica, exponiendo
las clases de jarabes, los modos de preparación, sus acciones según
los árabes, etc.; y dedica el sermo VI –el último– a indicar lo que ha de
hacerse luego de administrar una purga.
En las páginas del volumen Syruporum universa ratio es constante la
referencia pormenorizada a los libros del ámbito griego, escritos por el
propio Galeno o por otros autores del período helenístico; mientras que
se ve repudiada toda la obra científica de los médicos árabes e ignorada la
de los latinos del Medievo. Es la típica actitud renacentista que trata de
volver a la genuina expresión helénica, rescatándola de las depravaciones
del milenio medieval. La inmensa mayoría de estas menciones eruditas se
refieren a Galeno de Pérgamo, el gran sabio del s. II d. C. que en sus muchas
obras médicas supo recoger la clínica hipocrática junto con la ciencia
helenística y los resultados de sus propias investigaciones y reflexiones,
creando una doctrina tan sólida y coherente que habría de mantenerse a
lo largo de quince siglos. Lo que sus seguidores bizantinos, árabes y latinos
harían casi sólo sería una tarea de recopilación expresada en grandes
volúmenes enciclopédicos o en digresiones monográficas talladas del mismo bloque inalterado. En esto, los renacentistas no fueron innovadores,
sino restauradores: empeñados en obtener mejores ediciones de los originales
helénicos y mejores versiones latinas de sus textos, con las que construyeron
un nuevo galenismo –el renacentista, que sigue al bizantino, al
arábigo y al latino medieval– que, pese a su conciencia de novedad, es tan
tradicional como los anteriores, aunque su doctrina sea ahora recogida en
sus propias fuentes y servida en recipientes más adecuados
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