Miguel Serveto, alias Revés es aragonés
En dos portadas de libros en 1531 y 1532, y en el juicio de Ginebra con Calvino en 1553, al principio y al final de su biografía pública, figura como Serveto, aragonés. Pero sólo consta como “Serveto” desde octubre de 1530 hasta mediados de 1532 y en el juicio de Ginebra de agosto a octubre de 1553, por su declaración del 23 de agosto, dos meses antes de su sentencia, en un juicio en el que Miguel no creyó que moriría quemado, como se deprende de la reacción final de Miguel. Destaquemos la ausencia de mención de la palabra “Sigena” o con la grafía de entonces, “Xixena”, topónimo vinculado al monasterio de la Orden de San Juan de Jerusalén, anejo a la villa de Villanueva. No menciona Miguel el sobrenombre “de Sigena” o “Xixena”, que calificaba a la villa en los documentos. Incluso cuando afirma en Ginebra ser aragonés en 1553, afirmaba que es “de Villanueva” sin referencia a Xixena en el proceso. Cuando le preguntan sobre su origen se observan tres puntos suspensivos en el proceso respecto a la Diócesis de origen según Mautner. Es un momento breve, el que él se califica como Miguel Serveto. En octubre de 1530 en el que acude a casa de Ecolampadio, en Basilea, se denomina Miguel Serveto ó “Servet” pero es cuando ha roto con el catolicismo, aunque sigue siendo cristiano. Sólo aparecerá como Servet durante unos dos años en tierra reformadas o protestantes y en el último juicio civil, sin presencia ni juramento ante los Santos Evangelios en Ginebra, en tierra “reformada” también. En conjunto, sólo aparece como “Servet” en tierras reformadas o protestantes –como si fuese una ruptura con lo anterior– o cuando hay un peligro al publicar obras teológicas como las dos primeras Errores de la Trinidad (1531) y Diálogos de la Trinidad (1532) y en la última La Restitución del Cristianismo (1553), pero en ésta con iniciales, uniendo sus dos apellidos utilizados. Asi firmó con “M.S.V.” es decir, Miguel Serveto Villanueva. Tanto sería el peligro que ni los impresores Hans Setzer, en Haguenau, en 1531 y 1532, ni Baltasar Arnoullet en 1553 en Viena del Delfinado, colocaron ni su nombre ni su marca previa al pie de imprenta de la portada, ni en el colofón como era habitual, para no identificarse con él. Miguel no era ajeno al grave peligro inquisitorial cuando decide imprimir con el apellido de “Serveto”, que además no conjuga en acusativo, pues pone “per Michaelem Serveto” lo que pudiera ser más lógico “per Michaelem Servetem” y sí lo conjuga en 1553, cuando firma en algunas cartas como “Servetus”. Da excesivos datos de sí mismo en las dos portadas de 1531 y 1532; pone hasta el alias “Revés”, y el ser de “Aragón”; sobra el de “España”. Es como si quisiese que todas las inquisiciones fueran a localizarle al hogar de Antón Serveto y Catalina Conesa en Sigena.
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